Yo no sé casi nada de la vida.

Yo no sé casi nada de la vida pero he aprendido algunas cosas importantes.

  • Como que las bocas son los motores del mundo y en ellas comienzan las historias.
  • Como que a los ojos les cabe toda una vida, cualquier paisaje, toda sonrisa.
  • Como que las manos tienen memoria y buscan siempre la piel que las marcó.
  • Como que las palabras importantes no son las primeras que se aprenden, sino las que no se olvidan.
  • Como que somos la consecuencia de un montón de causas juntas. Y eso está bien.
  • Como que una mujer te trae al mundo y con otra mujer construyes otros.
  • Como que la vida se trata de que no nos lleve la chingada, o al menos no sin haber dado batalla.
  • Como que somos más de lo que sabemos y sabemos más de lo que necesitamos.
  • Como que nadie nos está esperando del otro lado y por eso no hay prisa por vivir.
  • Como que todos los rotos estamos para todos los descosidos, y acabamos rompiéndonos más pero acompañados.
  • Como que estar vivo mata y por eso la vida duele.
  • Como que debajo de nuestros pies siempre hay un camino.
  • Como que el tiempo no vuelve porque nunca llegó y duramos lo que ardemos.
  • Como que inventamos a dios para que pudiera inventarnos y luego entonces, vivir.
  • Como que las promesas se deben decir como amenazas y los besos se deben dar como promesas.
  • Como que la única manera de perpetuar las historias es escribiéndolas o haciéndolas música.
  • Como que las canciones siempre son un buen lugar para volver.
  • Como que nos morimos un poco en cada calle que lloramos, en cada mirada que se rompe y en cada despedida.
  • Como que vale la pena clavar los colmillos siempre que sea para marcar territorios.
  • Como que el mejor lugar para encontrarse es en otro cuerpo, en uno que ames.

Yo no sé casi nada de la vida pero he aprendido algunas cosas importantes. Y con eso basta.

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Y yo aquí.

Otro espasmo, otra luz, otra barranca; y yo aquí, buscándome en tu cuerpo.
Un sinfín de lugares que se pierden y me pierden.
Una caída de todas las montañas.

Otro espejo, otra fuerza, otro disparo; y yo aquí, huyendo de mí mismo.
He querido convencerme de quedarme.
No he sabido hablarme sin rodeos.

Otro día, otra vida, otro imposible; y yo aquí, levantando tu casa sobre el viento.
Inicié una historia que nunca me inició.
Igual me pasó con dios, no me ha inventado.

Otro silencio, otra herida, un todavía; y yo aquí, sin olvidar cómo suenan tus pasos.
Digo nunca vuelvas diciendo no te vayas.
Digo mi nombre queriendo decir el tuyo.

Otros ojos, otro túnel, un relámpago; y yo aquí, juntando mis pedazos.
Nunca estuve tan lejos de estar cerca.
Un día vi jardines entre ruinas.

Otra historia, otro fuego, aquel camino; y yo aquí, dejándome los miedos.
Todo lo que no somos también somos.
Todo lo que no fuimos también fuimos.

Otro vuelo, otro cielo, muchas aves; y yo aquí, dándome sentido.
Un cúmulo de tiempo sobre mis hombros.
Un horizonte que nunca alcanzaremos.

Otro espasmo, otra luz, otro peñasco; y tú allá, buscándome en la nada.
El mapa lo llevamos en las manos.
En las líneas de destino que no vemos.

Otra tú, otro yo, otros nosotros; y yo aquí, buscándome en tu cuerpo.

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Con la fuerza de la fuerza de los vientos.

Creí haberte dejado allá, lejos,
en una tierra donde el aire es más caliente que el fuego
y donde no hay agua ni en lágrimas.
No pensé que vendrías en oleadas de recuerdos
de mí contigo en campos verdes y frescos.

Quién sabe quién pueda, como Dios, detener el tiempo
y cambiar la historia de la historia y mover tu cuerpo hacia mi cuerpo.

(Nadie dirá que si no hablo de ti  es porque no te quiero).

Yo miro el color de tu mirada toda
y en todos mis ojos me lamento
por no estar donde el aire se hace lava,
porque le falten mis labios a tus besos.

Vamos a quedarnos solos esta noche,
así solos, tristes y muy quietos
y no dirás que te he olvidado
hasta que sueltes tu tiempo de mi tiempo.

Quiero traerte agua y aire frío
y escurrirme a lo largo de tu cuerpo
con mis manos y mi lengua y mis ojos
y la punta de la punta de mis dedos.

Tú vienes hacia mí como la lluvia
en tremendos aguaceros en mis sueños.
Tú vienes hacia mí como tormenta
con la fuerza de la fuerza de los vientos.

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Nada será para siempre.

Se iluminó el cielo cuando pasaste volando
y me dejaste tu sombra encima de todo el cuerpo.

Se puso negra mi vista toda la tarde
porque se metió tu sombra entre mis ojos.

Tu sombra que es puerta y cascada,
tu sombra que es de luz y reflejos.

Yo no pude ver el cielo encendido
ni pude ver las aves ni las nubes.

Yo no pude ver el vuelo que emprendiste
ni pude ver los soles que nos arden.

Yo vi la tormenta que tú eres y el relámpago partiéndome en mitades.

Nada será para siempre
ni tus luces
ni tus sombras
ni tus rayos.

Nada será para siempre.

Solo el eco de tu estruendo,
adentro mío.

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Mejor te alumbro.

Me metí al fondo de la lámpara en la calle,
fui su corazón iluminante, iluminado,
y dejé caer la lluvia de mi pecho,
el rocío de la luz sobre el asfalto.
Acaricié el viento, me posé en los parques
y viajé entre la noche hasta los suelos,
alumbré caminos de paseantes
y escuché sus silencios en secreto,
me quedé en sus ojos y en sus caras
y en sus pieles blancas y en sus gestos,
y me quedé callado sobre el aire,
me quedé tranquilo bajo el cielo.
Miré un niño pasar tarde
de la mano frágil de su abuelo,
y se decían muchas cosas sin hablarse
y se movían a todos lados sin su cuerpo.
Vi pasar el vuelo de un ave
y llegó el presagio de los muertos,
sentí el miedo entre mi sangre
y me corrió por dentro como fuego.
Creí haber sido luz desde antes
y no saber lo negro que es lo negro,
y me volví como olas de los mares
reventando en las bocas como besos.

Como si fuera luz llena de sales
que se extiende en lo más seco del desierto,
tú dime si me muevo a todas partes
o si mejor te alumbro, y no me muevo.

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Como tesoros perdidos.

Pocas veces con los besos sellamos nuestras promesas,
juramos amor eterno, quedamos en no olvidarnos.

Dijimos mentiras ciertas, nos matamos con excesos,
supimos que era prudente cerrarnos con diez candados.

Volvimos a nuestras casas, nos construimos de restos,
quisimos que no acabaran de apretarse nuestras manos.

Rompimos quince barreras, saltamos peñascos negros,
caímos cientos de veces y en el abismo es que andamos.

Jugamos que nos quisimos con ese querer del bueno,
hablándonos como siempre a través de nuestros labios.

Subimos todas las cimas, volamos todos los cielos
con las alas que conseguimos cuando estuvimos soñando.

Hicimos muchas escenas, las escribimos con fuego,
vivimos cada minuto en cada tiempo y espacio.

Nos prometimos quedarnos y para siempre tenernos
como tesoros perdidos sin esperanza de hallarnos.

Por eso ahora lloramos mientras estamos sonriendo
porque sabemos que todo, se queda en nuestro pasado.

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Me hubiera gustado besarte más.

Me hubiera gustado besarte más,
beber tus besos, el agua de tu boca.

Me hubiera gustado escucharte hablar
con palabras como manos que me tocan.

Me hubiera gustado atreverme a estar
en el golpe de tus ojos como olas.

Me hubiera gustado saber que vas
a decirme que deseas las mismas cosas.

Me hubiera gustado beberte más,
tu miel de abeja en flores rojas.

Me hubiera gustado aprenderte más,
llenarme con tus labios la memoria.

Me hubiera gustado tenerte más,
escribirte con la boca nuestra historia.

Me hubiera gustado besarte más,
deteniéndome en tus puntos y en tus comas.

La vida va,
en tus labios toda.

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