Un seguro para los corazones rotos.

Mis amigos de ComparaGuru.com me invitaron a responder cinco preguntas relacionadas a finanzas personales. Al principio no estuve seguro de ser la persona correcta para contestar preguntas de esta índole, ya que no me considero para nada un experto en el tema. Sin embargo, las preguntas me hicieron reflexionar profundamente sobre grandes lecciones y tesoros que tengo en mi vida.

Los invito a leer: 

Gracias por la invitación ComparaGuru.com

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El legado de mi madre.

La conozco desde que nací, incluso desde antes; me dio la vida y me enseñó a vivirla. Los casi 32 años que tengo de estar vivo, ha estado conmigo, y yo, más del 50% de su vida, también he estado con ella. Mi mamá cumple hoy 60 años y yo estoy completamente lleno de gratitud con Dios por permitirme estar a su lado y celebrar juntos.

Seguramente todos podríamos listar una serie de ideas, frases, conceptos, características o consejos, que nuestra madre nos ha dado; es por eso que esta entrada tiene la intención de compartir con ustedes, al menos, 60 de éstas. Así pues, les escribo el legado de mi madre resumido en 60 puntos que le agradezco y que le he aprendido, y que ella ha disfrutado y difundido a lo largo de estos 60 primeros años de su vida:

  1. Su increíble capacidad de defender sus creencias y convicciones.
  2. Su entrega a los demás.
  3. Su pasión por creer en Dios y entenderlo.
  4. Su amor por la familia.
  5. Su decisión de quedarse hasta en los momentos que nadie se habría quedado.
  6. Su magnífica forma de seguir adelante siempre con buen ánimo.
  7. Su fortaleza para enfrentar tiempos adversos.
  8. Su receta insuperable del pan de elote.
  9. Su fe inquebrantable.
  10. Su esperanza compartida.
  11. Su fuerza al hablar sobre algo en lo que cree.
  12. Su potente y afinadísima voz.
  13. Su sonrisa reparadora.
  14. Su habilidad para encontrarle el lado bueno a las cosas malas.
  15. Su forma de alentar a los desalentados.
  16. Su manera de siempre resolver los problemas hasta cuando parecen no tener solución.
  17. Su risa que contagia felicidad.
  18. Su determinación de hacer que las cosas sucedan.
  19. Sus abrazos de bienvenida.
  20. Su capacidad para hacer sentir a los invitados como en casa.
  21. Su gratitud por todo lo que tiene.
  22. Su forma de valorar, sobre todo, lo más insignificante.
  23. Su no necesitar nada material para sentirse completa.
  24. Su decisión de dejar su prometedora carrera profesional por formarme a mí y a mi hermana.
  25. Su indiscutible inteligencia.
  26. Su excelente memoria.
  27. Su gran capacidad de análisis.
  28. Su congruencia en al pensar, hablar y actuar en consecuencia.
  29. Su obsesión por asegurarse un futuro mucho más hermoso que su pasado.
  30. Su dedicación para enseñarnos a vivir con fe, con amor, y ayudando a quien lo necesite.
  31. Su gran capacidad para definir prioridades.
  32. Su amor por los animales.
  33. Su innegable habilidad para hablar en público.
  34. Su facilidad para inspirar a otros.
  35. Su permanente fuerza para mantener a nuestra familia unida.
  36. Su incuestionable determinación para hacer que las situaciones cambien.
  37. Su valentía para enfrentar los cambios.
  38. Su corazón dadivoso en el que todos cabemos.
  39. Su capacidad para perdonar y pedir perdón.
  40. Su coraje para reconocer errores.
  41. Su humildad para reparar los daños causados.
  42. Su entereza para decir no cuando es no y sí cuando es sí.
  43. Su valor para poner límites.
  44. La energía positiva que transmite cuando alguien la necesita.
  45. Su inagotable resistencia ante las crisis.
  46. Su evidente talento para liderar.
  47. Sus ganas de disfrutar los buenos tiempos.
  48. Su frescura para reírse de sí misma.
  49. Su firmeza para soportar las consecuencias de sus decisiones.
  50. Su espíritu colaborativo y generoso.
  51. Su potencia para concluir cualquier proyecto que inició.
  52. Su disposición para aprender y aprender y seguir aprendiendo.
  53. Su capacidad para enfocarse en los resultados finales siempre tomando en cuenta que los medios sean los correctos.
  54. Su gusto por la lectura.
  55. Su afición por conocer nuevos y bellos lugares, y poder disfrutarlos.
  56. Su exquisita comida que me hace sentir amado.
  57. Su impecable trato a cualquier persona.
  58. Su constante afán por enseñarle a sus nietos lo bueno de la vida.
  59. Su nulo miedo a la muerte.
  60. Y sin duda, su infinito gusto por estar viva.

He tratado de vivir mi vida siguiendo el ejemplo de mi madre, ejemplo que ha demostrado con hechos y no sólo con palabras. Hoy pensé que cuando yo cumpla 60 años, si es que los cumplo, me sentiría muy satisfecho de ser, al menos, la mitad de ser humano que mi mamá es.

Gracias por tanto, Má.

Que este sea un bellísimo nuevo año.

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Como corazón sin cuerpo.

Ahí vamos todos como corazón sin cuerpo.
Pareciera, a lo lejos, que todos somos lo mismo.
Pero no.
Pero nada.

Nunca estuvimos más seguros de la vida que cuando la muerte nos pisó el cuello,
nos miró a los ojos,
se nos subió al cuerpo.

Ahí vamos juntos como lobos vagabundos.
La verdad es que a nuestras mordidas les hacen falta dientes.

Todo parece real hasta que le quitamos la piel.
Ahí vamos todos como corazón sin sangre, pero nos movemos, siempre nos movemos.

Entendimos entonces que no importa si no hay pájaros en vuelo, aún nos queda el aire.
No importa tampoco si los barcos se han hundido, aún tenemos agua.

Nunca estuvimos más seguros de la muerte que cuando la vida nos tocó la cara,
nos miró a los ojos,
nos convirtió en fuego.

Y ahí vamos todos como corazón que sangra.

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Si hubiera podido escoger, la habría elegido a ella.

No sabría describirla en pocas palabras, y probablemente tampoco sepa hacerlo en muchas. Sin embargo, y alguna vez se lo dije, su nombre la representa en gran medida: Marisol. Lleva en ella toda la fuerza, grandeza, calma y belleza de los océanos, y al mismo tiempo, la cegadora luminosidad y la calidez de la estrella. Es mi hermana, y digo, sin titubear un segundo, que si Dios me hubiera dado la oportunidad de escoger a una, la habría elegido a ella.

La conozco desde que nació, dos años y 10 meses después de haber nacido yo; por lo tanto, sólo conozco mi vida sin ella durante ese lapso, y no recuerdo, para nada, cómo era; contrario al tiempo en que ella ha estado conmigo, el cual recuerdo todo. Por eso puedo decir que mi vida es memorable a partir de que Marisol llegó. Supe, desde siempre, que yo estaba ahí para cuidarla, enseñarla, acompañarla y verla crecer sana, segura y hermosa. Y así fue. Así ha sido.

Hoy, que es su cumpleaños, desperté pensando en qué le deseo, y se me ocurrió todo; todo lo bueno, lo grande, lo inolvidable, lo asombroso, lo mágico, lo milagroso, lo bello.

Le deseo, con el corazón en la mano, que viva mucho y que viva feliz. Que no pueda pensar en su vida sin que se le llene la cabeza de cosas hermosas. Que sus hijos crezcan sanos y lindísimos como hasta ahora. Que Josué la amé como lo ha hecho, y más. Que mis papás y yo le duremos mucho tiempo. Que el amor que da y recibe sea tan vasto que la inunde. Que Dios la proteja de toda tormenta, toda tristeza y todo peligro. Que encuentre todo lo que busca y que busque todo lo que encuentre. Que siempre se sienta digna, plena y satisfecha. Que no olvide, ni un segundo, que existimos algunos que daríamos la vida, sin pensarlo, por ella. Que le ocurran todos los milagros.

Si Dios me hubiera dado la oportunidad de escoger una hermana, la habría elegido a ella, porque hasta ahora, todas las veces que he sentido que mi vida se despedaza o se arregla, o vale la pena, o no la vale, o se pone de la chingada, o se vuelve la mejor de las vidas, ha estado ahí. A pesar de todo y de todos, a pesar de tiempo y distancia, a pesar de mí o de ella, ha estado ahí. La habría elegido porque ha hecho de mi vida, una vida que no quiero dejar de vivir, una vida que amo, una vida que me hace un hombre completo y feliz.

Marisol, eres la única posible mejor e increíble hermana que podría haber tenido. Mi mejor compañía y mi mejor amiga. Me has dado los tres motivos más grandes que tengo para pararme a vivir todos los días desde hace cuatro años, desde hace dos años y desde hace ocho meses. Muchísimas gracias por hacerme sentir que mi vida vale la pena y que estoy vivo para estar cerca de ustedes.

Mi vida sin ti, ya lo dije, sería digna de olvidarse, y sentiría un vacío tal, que cabrían en él todas las ganas de no estar yo tampoco.

Por favor, no te vayas a morir antes que yo. Te amo.

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Cuando me preguntan en dónde quisiera estar, pienso en personas, no en lugares.

1. Quisiera estar con Sara contándole un cuento antes de dormir.
2. Quisiera estar con Santiago viendo el desmadre que hace mientras come.
3. Quisiera estar con Marisol comiendo tacos de barbacoa de donde nos gustan.
4. Quisiera estar con mi madre platicando de todo y nada en la sala de su casa.
5. Quisiera estar con mi padre oyendo música mientras viajamos en carretera.
6. Quisiera estar con Josué y su familia cantando en el rancho mientras se hace de noche.
7. Quisiera estar con mi abuela Josefina escuchando sus historias de ocho décadas atrás.
8. Quisiera estar con mi abuelo Rogelio acompañándolo mientras ve televisión.
9. Quisiera estar con mi abuela Lupe comiendo mole del que ella hacía.
10. Quisiera estar con mi primo Juan sentados en el piano escribiendo una canción.

Y así, quisiera estar con cada persona que hace que mi día sea mejor si lo comparto con ellas.

Los lugares más bellos, los paisajes más hermosos, están en otros cuerpos, otras sonrisas, otros ojos.

Cuando me preguntan en dónde quisiera estar, pienso en personas, no en lugares.

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Yo soy el tiempo detenido.

Yo soy el tiempo detenido,
la última voz, el casi eco,
el movimiento que sucede y no sucede,
toda posibilidad, cualquier intento.
Yo soy el fuego que se extiende,
y un glaciar inmenso al mismo tiempo,
el deseo que no se ve pero se siente
cuando recorre, como un rayo, todo el cuerpo.
Una flecha, un dolor, una batalla,
una herida, un zumbido, el silencio,
una bala que atraviesa la esperanza,
un ciclo, un mal final, un buen comienzo.

Yo soy la noche que no acaba,
la historia que no pasa de un momento,
las ganas que un día tuve de volverme
el viajero, el espejismo y el desierto.
Yo soy el motor que no se cansa,
y soy también los pasos de aquel ciego,
la desdicha de nunca llegar a nada
y empezarlo todo desde cero.
Un ataque, una mordida, una espada,
un silbido que se oculta en el viento,
un atisbo, un indicio, una palabra,
una huella, una pista, un secreto.

Yo soy la calle iluminada,
lo que queda del amor en un recuerdo,
la música que cura y que desgarra,
la palabra corazón y su acento.
Soy la decisión de abrir las manos,
la tragedia que se cuenta como cuento,
los jardines entre ruinas que creamos,
y los cuentos que no vivo pero invento.
La montaña, el derrumbe, la barranca,
el camino, el accidente y el estruendo,
todo río y su corriente, una cascada,
el océano y su calma, el mar violento.

Yo soy las cosas que perdimos,
la búsqueda que acaba en tus adentros,
las calles que nos vieron alejarnos,
la caída que más bien parece vuelo.
Soy la realidad que construimos
al echar cimientos sobre el cielo,
las manos que no dejan de tocarnos,
y los ojos que no dejan de querernos.
Muchos nombres, cicatrices, mientrastantos,
parasiempres, casinuncas, y aquel beso,
que nos hizo comprender que despertarnos,
no es señal de haber dejado el sueño.

Yo soy el tiempo detenido,
el reflejo que aún guarda tu reflejo.

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Al borde de su cuerpo.

Me puse a describir la nada usando toda la información que no tengo de ella. Fue tan vasta que llené todo el lugar con palabras vacías. Parecía un paisaje de acantilados, y parecía también, una mirada frente a otra.

Nunca supe, con certeza, cuántas palabras se necesitan para construir lo real. Tampoco lo sé ahora.

Lo que supe, al instante, es que yo me reconocería en todo lo que no es, en lo que no existe, en lo que no será.

Me acerco a la nada y la vista es increíble. Lo mismo pasa cuando estoy al borde de su cuerpo.

Cuerpo que es de ella pero mío.

Y yo, que aunque no soy, le pertenezco.

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